
Tratamiento de adicciones y poliadicciones: cuándo pedir ayuda
Adicciones y poliadicciones: cuándo pedir ayuda antes de perder el control
Muchas personas con problemas de adicción tardan en pedir ayuda porque piensan que todavía “no están tan mal”.
Siguen trabajando.
Mantienen una relación.
Cumplen con algunas responsabilidades.
Y por eso se repiten frases como:
“Yo controlo”.
“Solo consumo los fines de semana”.
“Puedo dejarlo cuando quiera”.
“El problema sería si consumiera todos los días”.
Sin embargo, una adicción no empieza cuando una persona lo ha perdido todo.
Empieza mucho antes.
Cuando consumir deja de ser una elección
El problema aparece cuando una sustancia o una conducta empieza a ocupar cada vez más espacio en la vida.
Puede tratarse de:
- Alcohol.
- Cannabis.
- Cocaína.
- Otras sustancias.
- Apuestas.
- Juego online.
- Uso compulsivo de determinadas conductas.
En algunos casos no existe una única adicción.
Una persona puede consumir alcohol y cocaína cuando sale, utilizar cannabis para dormir y apostar online cuando está sola o aburrida.
Es lo que podemos encontrar en algunos casos de poliadicción, donde distintas sustancias o conductas terminan formando parte del mismo patrón de regulación emocional y pérdida de control.
“No tengo una adicción porque consumo varias cosas”
Precisamente consumir distintas sustancias puede hacer más difícil reconocer el problema.
La persona puede pensar:
“No bebo tanto”.
“Cannabis solo consumo por la noche”.
“Cocaína únicamente cuando salgo”.
“Apuesto de vez en cuando”.
Pero cuando observamos el conjunto aparece una realidad diferente.
Quizá gran parte del ocio, del dinero, de las relaciones o de la forma de afrontar el malestar termina girando alrededor del consumo.
La pregunta importante no es solo cuánto consumes.
También es:
¿Qué lugar ocupa el consumo en tu vida?
Señales de que puedes estar perdiendo el control
Puede ser recomendable pedir ayuda cuando empiezan a aparecer situaciones como estas:
- Consumes más de lo que tenías previsto.
- Has intentado reducirlo y no lo consigues.
- Necesitas consumir para relajarte o dormir.
- Cada vez te cuesta más disfrutar sin alcohol, cannabis o cocaína.
- Ocultas cuánto consumes.
- Mientes a tu pareja o familia.
- Gastas más dinero del que habías pensado.
- Tu pareja te ha dicho que existe un problema.
- Las discusiones relacionadas con el consumo son frecuentes.
- Necesitas recuperar dinero perdido jugando.
- Empiezas a consumir solo/a.
- Has dejado actividades importantes.
- Piensas con frecuencia en cuándo volverás a consumir.
- Después de consumir te arrepientes, pero el patrón vuelve a repetirse.
No es necesario que aparezcan todas estas señales.
A veces una sola pregunta resulta muy útil:
Si quisieras dejarlo hoy, ¿podrías hacerlo sin que tu vida cambiara de forma importante?
Alcohol, cocaína y cannabis: una combinación frecuente
Algunas personas no se identifican con la palabra “adicción” porque no consumen una única sustancia.
Por ejemplo:
“Solo tomo cocaína cuando bebo”.
“Fumo cannabis para dormir después”.
“El alcohol es únicamente social”.
Pero las sustancias pueden reforzarse entre sí.
El alcohol puede reducir el autocontrol y facilitar el consumo de cocaína.
Después pueden aparecer ansiedad, irritabilidad, insomnio o bajo estado de ánimo, y algunas personas recurren posteriormente al cannabis para intentar relajarse.
Así se crea un ciclo en el que cada sustancia empieza a cumplir una función diferente.
Trabajar únicamente una de ellas puede no ser suficiente si no se comprende el patrón completo.
La adicción no siempre se ve desde fuera
Existe la idea de que una persona con una adicción necesariamente ha perdido el trabajo, tiene graves problemas económicos o consume desde primera hora del día.
No siempre es así.
Hay personas que mantienen una vida aparentemente normal durante mucho tiempo.
Trabajan.
Tienen familia.
Cuidan su imagen.
Cumplen responsabilidades.
Pero cada vez necesitan más esfuerzo para mantener todo funcionando.
A esto se añade con frecuencia una vida paralela de:
- Ocultar.
- Justificar.
- Prometer.
- Intentar reducir.
- Volver a consumir.
- Sentirse culpable.
- Y empezar de nuevo.
Ese desgaste puede mantenerse durante años.
“Lo utilizo para desconectar”
Muchas adicciones empiezan cumpliendo una función.
El alcohol puede ayudar a desinhibirse.
El cannabis puede utilizarse para relajarse.
La cocaína puede proporcionar energía o seguridad.
El juego puede ofrecer excitación.
El problema comienza cuando estas conductas se convierten en la principal forma de afrontar determinadas emociones.
Estrés.
Soledad.
Ansiedad.
Aburrimiento.
Problemas de pareja.
Presión laboral.
Bajo estado de ánimo.
Entonces dejar de consumir no consiste solamente en retirar la sustancia.
Hay que aprender nuevas formas de manejar aquello que el consumo estaba intentando resolver.
¿Tengo que tocar fondo para pedir ayuda?
No.
Esperar a tocar fondo puede significar esperar a que aparezcan consecuencias mucho más graves.
Pérdidas económicas.
Problemas de pareja.
Problemas laborales.
Conflictos familiares.
Deterioro físico o psicológico.
Cuanto antes se intervenga, más posibilidades existen de trabajar el problema antes de que se consolide.
Pedir ayuda porque empiezas a notar que estás perdiendo control ya es un motivo suficiente.
Poliadicciones: cuando el problema cambia de forma
En algunas personas ocurre algo especialmente importante.
Dejan una sustancia, pero poco después aumenta otra conducta.
Reducen el alcohol, pero empieza a crecer el juego.
Dejan la cocaína, pero aumenta el cannabis.
Controlan una sustancia, pero aparece un uso compulsivo diferente.
Por eso, en los casos de poliadicción es fundamental no tratar únicamente “la sustancia principal”.
Hay que entender qué función cumple cada conducta y qué emociones, situaciones o pensamientos activan la necesidad de consumir.
¿Cómo se trabaja en terapia?
El tratamiento psicológico se adapta a cada caso.
Puede incluir:
- Análisis del patrón de consumo.
- Identificación de desencadenantes.
- Motivación para el cambio.
- Control de impulsos.
- Manejo del craving o deseo intenso.
- Regulación emocional.
- Prevención de recaídas.
- Ansiedad y bajo estado de ánimo.
- Autoestima.
- Reconstrucción de rutinas.
- Relaciones personales.
- Participación de la familia cuando resulta conveniente.
En casos de poliadicción también es importante establecer prioridades y trabajar de forma coordinada las distintas conductas.
No todas las personas necesitan el mismo tratamiento.
¿Y si ya he recaído?
Una recaída no significa que todo el trabajo haya fracasado.
Puede indicar que existe una situación de riesgo que todavía no se ha aprendido a manejar.
En lugar de quedarse únicamente con:
“Lo he vuelto a hacer”.
puede ser más útil preguntarse:
“¿Qué ocurrió justo antes de hacerlo?”
Una discusión.
Una salida.
Un momento de soledad.
Cobrar.
Sentirse mal.
Encontrarse con determinadas personas.
Identificar estos patrones permite trabajar estrategias mucho más concretas.
La familia también necesita orientación
La adicción afecta a quien consume, pero también a quienes conviven con él o ella.
Es frecuente que la pareja o la familia intenten ayudar de muchas formas:
Controlando.
Prestando dinero.
Pagando deudas.
Revisando el teléfono.
Amenazando.
Discutiendo.
Ocultando el problema.
Algunas de estas conductas pueden acabar manteniendo involuntariamente el ciclo.
Por eso también puede ser útil orientar a la familia sobre cómo ayudar sin asumir responsabilidades que corresponden a la persona con el problema.
¿Cuándo pedir ayuda?
Puede ser un buen momento para consultar si:
- Has pensado varias veces que deberías reducir el consumo.
- Has intentado dejarlo y has vuelto.
- Estás ocultando información.
- Tu pareja o tu familia están preocupados.
- El consumo está afectando a tu relación.
- Empiezas a tener problemas económicos.
- Necesitas consumir para encontrarte bien.
- Combinas varias sustancias.
- Cambias una adicción por otra.
- Sientes que cada vez tienes menos capacidad de decidir.
No hace falta esperar a que la situación sea extrema.
Recuperar el control
El objetivo de la terapia no es juzgar a la persona ni reducir todo el problema a “tener fuerza de voluntad”.
Se trata de comprender qué está manteniendo el consumo, qué función cumple y qué cambios son necesarios para recuperar capacidad de elección.
Poder salir sin necesitar consumir.
Dormir sin depender de una sustancia.
Atravesar una mala semana sin recaer.
Disfrutar sin tener que apostar.
Volver a confiar en uno mismo.
Pedir ayuda no significa haber perdido el control por completo. Puede ser precisamente la forma de recuperarlo antes de que las consecuencias sean mayores.
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